domingo, 17 de enero de 2016

Una habitación propia

Creo que he decidido buscar un ritmo. Empecemos con un post a la semana. Los domingos me van bien.

El primer libro que leí este 2016 fue Una habitación propia, de Virginia Woolf. Me pareció genial, es cierto. Me encanta leer ensayo. Me gustó ver ciertos pensamientos ordenados. Peeeeero...

Este ensayo feminista de 1928... es un ensayo feminista de 1928. Han pasado noventa años desde entonces y ha habido montones de ensayos feministas más. Lamentablemente, la situación que Woolf describe no ha cambiado demasiado y el sarcasmo con el que acaba Una habitación propia es ahora mucho más doloroso.



Sin embargo no puedo dejar de lado que Virginia Woolf se movía y pensaba en cierto estrato social. Sí, si una mujer quisiera dedicarse a la escritura necesita estabilidad económica y una habitación propia. Pero eso es todo... ¿y si no quiere dedicarse a escribir?, o ¿cómo llegar a ese punto? Es verdad que ella escribió este ensayo porque se le pidió que diera conferencias sobre la escritura y las mujeres. Eso no le impidió irse por otros derroteros en ciertos momentos, aunque se quedó en, precisamente, la escritura y las mujeres. Hacia el final destaca que sólo uno de los diez o doce últimos grandes escritores británicos no contaba con cierto nivel socioeconómico. Y que la mujer necesitaría eso mismo. A pesar de esto, no desdeña que esas mujeres han existido, pero siempre bajo el ala de un hombre.

¿Las que no tienen ni eso? No cuenta en su discurso con criadas, granjeras, camareras... Cierto es que las menciona, pero de pasada. Ella razonó y explicó a la perfección muchísimas verdades que nunca antes se habían dicho en un ensayo, a pesar de que no dejó de mirarse el ombligo como ejemplo de la mujer corriente. No puedo evitar pensar que ella pensaba que todas las mujeres querrían escribir.

De todas formas, yo también sigo queriendo una habitación propia. Ha pasado tanto desde 1928... y tan poco...

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